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31 de julio de 2017

DUNKERQUE (Christopher Nolan, 2017)

Parece que en los tiempos que corren, hay un puñado de directores cuyos nuevos proyectos han de ser, sí o sí, obras maestras. Y también parece que el ruido que genera cada nuevo estreno de ese grupo de elegidos arrastra a las masas a alabar sin condiciones sus películas, exagerando casi siempre sus virtudes y obviando los problemas. Christopher Nolan es uno de los nombres que más se ajusta a estas nuevas corrientes. No os equivoquéis, pese a lo que pueda parecer no soy un hater de Nolan. Mi opinión es que, sin duda, se trata de uno de los directores más destacados del cine moderno, al que hay que agradecer tener un estilo propio y arriesgar en cada nuevo trabajo buscando temáticas y conceptos muy interesantes. Sin embargo, aún no creado esa obra magna que me haga levantarme de la butaca y aplaudir.

Dunkerque me parece una buena película. Sin duda, el director británico vuelve a dejar constancia de su talento a la hora de manejar grandes presupuestos para ofrecer resutados alejados del cine mainstream. La capacidad de planificación de Christopher Nolan es sublime, no cabe duda de ello. En «Dunkerque» se demuestra que todo está matemáticamente medido, magistralmente ejecutado y perfectamente rematado. La película es una continua exhibición de cómo mover la cámara, buscar ángulos imposibles, o montar secuencias complicadas con éxito. Todo ello converge para regalarnos una obra muy sensorial y visualmente espectacular, que busca mantenernos en alerta y hacernos sudar.

Sin embargo, la tan cacareada experiencia de inmersión me funcionó solo en momentos determinados, y especialmente en el magnífico inicio. Durante el resto, solo sentí un poco de saturación y algunos tramos de aburrimiento. Como digo, el inicio me parece inmejorable, porque nos mete de lleno en la acción y nos plantea de manera muy creíble lo que debe ser vivir un momento delicado dentro de un conflicto bélico. A partir de ahí, asistimos a un desfile de situaciones que se irán alternando y entrecruzando, algunas de ellas mucho más jugosas que otras. Esto se hace muy patente en el contraste entre las secuencias en tierra o mar y las de aire. Lo que sucede a pie de playa y sobre la superficie del mar constituye lo mejor de «Dunkerque», transmitiendo una constante sensación de tensión al espectador. El ritmo, salvo en determinados momentos, es muy bueno y ayuda a que nuestro interés no decrezca. Por contra, las escenas de combate aéreo suponen, bajo mi punto de vista, un lastre importante para el conjunto, ya que su introducción supone un parón en el ritmo de lo que se nos esté narrando. Creo que se le ha dado demasiada cancha a estas secuencias, que se me hacen demasiado repetitivas y que podían haberse reducido en la sala de montaje para dar más dinamismo a la película. 

El guion funciona mejor cuando planea sobre la acción de manera global que cuando quiere acercarse a los personajes. Dicho de otro modo, es en la coralidad del conjunto donde «Dunkerque» triunfa inapelablemente, pero no acaba de cuajar al querer contar historias pequeñas. Un buen ejemplo se da con la introducción de un determinado personaje en el barco civil. Su presencia tan solo sirve como mera excusa para provocar una situación muy forzada que finalmente no tiene peso en la trama. También me chirrían un par de momentos excesivamente grandilocuentes y al mismo tiempo sensibleros que dan sensación de propagandismo barato, aunque por fortuna esto queda bastante aislado. No quiero personificar el reparto, ya que todo el mundo cumple muy bien con su papel. No hay protagonistas claros, pero creo que es justo mencionar la actuación del joven debutante Fionn Whitehead, quien probablemente sea la cara que más minutos acumula en la película.

Dos puntos antes de finalizar. Algo que está polarizando opiniones es el score de Hans Zimmer. Mucha gente le acusa de sobreexplotar el continuo efecto de tictac que abunda durante buena parte del metraje, pero personalmente me parece un recurso muy válido y que, lejos de quitar protagonismo a las imágenes, logra enfatizar la tensión muy acertadamente. Y por otra parte, no quiero dejar pasar el lamentable doblaje al castellano, en especial en las voces elegidas para Mark Rylance y Tom Hardy. Raro, muy raro.

Por tanto, ni «Dunkerque» me parece la mejor película bélica jamás rodada, ni siquiera la mejor película de Christopher Nolan. Creo que es una buena manera de recobrar el pulso tras el desastre que supuso Interstellar (recordad, esto es solo una opinión personal), además de un potente espectáculo cinematográfico. Pero más allá de su portentoso apartado técnico y artísico, da la sensación de que estamos ante una película sin alma.

Mi nota: 6,5

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