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16 de agosto de 2017

REY ARTURO: LA LEYENDA DE EXCALIBUR (Guy Ritchie, 2017)

Una de las mejores sensaciones que se pueden tener en un cine es sentarte a ver una película de la que no esperas nada y quedar maravillado. Eso es lo que me ha sucedido con Rey Arturo: La leyenda de excalibur (King Arthur: Legend of the sword). Resulta que las opiniones que está recibiendo la última producción de Guy Ritchie están siendo demoledoras, cosa que me demuestra a las claras que hay que hacer poco caso a las críticas (e incluyo la mía) y que cada persona tiene gustos tan subjetivos como diferentes (o no) del resto. Así que paso a explicar por qué a mí me ha encantado esta película.

Lo primero que hay que decir es que hay que olvidarse de cualquier mínimo rigor histórico e incluso de los propios relatos artúricos, ya que Guy Ritchie reinventa su mitología en una versión con puntos en común y otros que se alejan del cánon. Con esto en mente, «Rey Arturo» puede verse casi como una más de las películas de superhéroes que se hacen hoy en día, pero con el estilo propio del director inglés. Me encanta que Ritchie se mantenga fiel a sus principios como cineasta e impregne a la película de su personalidad. Esto implica que si no eres muy amigo de este estilo, probablemente salgas decepcionado. En cambio, si entras en el juego, podrás disfrutar de una película de acción trepidante como pocas gracias a su adrenalítico desarrollo.

De modo parecido a como ya hiciera en Operación U.N.C.L.E. (2015), Guy Ritchie muestra las secuencias de acción de manera resumida o en elipsis. Muchas veces veremos secuencias intercaladas en las que, por una parte, los protagonistas nos cuentan lo que va a pasar, y por otra se nos van enseñando esas acciones. Este recurso alcanza su mayor esplendor en el viaje de Arturo a las "Dark lands", momento que sería el tramo central de cualquier otra película y que el realizador británico despacha en unos segundos. Podría parecer que esto le resta interés a la película, pero para mi gusto se convierte en un recurso original y que le da una gracia especial al asunto.
Hablando de gracia, el humor también tiene una importante presencia en «Rey Arturo», de nuevo muy en el estilo de Ritchie y enfatizando lo tremendamente inglesa que resulta la película.
Hay que hacer una mención especial a la banda sonora creada por Daniel Pemberton, ya que es un complemento perfecto que hace que la acción se multiplique, con un efecto vibrante para el espectador.

Dentro del extenso reparto, Charlie Hunnam da el pego como un Arturo made in Ritchie, y se ve perfectamente rodeado por un buen plantel de secundarios como Aidan Gillen, Djimon Hounsou, Astrid Bergès-Frisbey o Neil Maskell. No creo que pueda considerarse como una revelación, pero me encanta el villano que compone Jude Law. Su Vortigern es un malvado con carisma, entidad y que, por alguna razón, me recordó por momentos al personaje de cómic Kid Miracleman tal y como nos lo expuso Alan Moore.

Hay alguna cosita que no me convence, como los momentos en que aparecen las criaturas más fantásticas. Pero por fortuna, esto ocupa muy poquito metraje. En conjunto, me quedo con la impresión de haber disfrutado como un enano en el cine, cosa que hace mucho tiempo que no me sucedía. Concluyo queriendo abundar en mi habitual consejo de no hacer caso a las críticas y valorar siempre las películas una vez vistas, no antes. «Rey Arturo» es un gran ejemplo para esto, ya que considero que brilla en su género (y más en un 2017 que está resultando especialmente flojo) por encima de muchas otras producciones que tienen mejor prensa. Por mi parte, no se la pierdan.

Mi nota: 8


14 de agosto de 2017

ARKADE en El Heraldo de Galactus


Si sois oyentes de nuestro podcast Heraldos de Galactus, sabréis que uno de mis cometidos es encontrar y dar a conocer obras independientes que merecen la pena pero que, debido a su condición, suelen tener poco alcance. Uno de esos cómics es Arkade, creado por Mark Allard Will y Elaine M. Will. «Arkade» nos cuenta la historia de Axeman, un personaje de un videojuego de 16 bits que vive aburrido ya que hace mucho tiempo que nadie usa su juego. De manera repentina, una extraña fuerza devoradora en forma de píxeles pondrá en peligro la existencia de Axeman y de todo su mundo. Estamos ante una obra que se lee en un suspiro, y que a buen seguro gustará a todo tipo de público.

Podéis leer la reseña completa en el siguiente enlace, o pinchando en la imagen:

Arkade: la amenaza llega en forma de píxel



10 de agosto de 2017

ATÓMICA (David Leitch, 2017)

Sin saber muy bien qué esperar, ya que mi único conocimiento de la película consistía en un tráiler que vi hace ya tiempo, acudí a ver Atómica (Atomic Blonde), película de David Leitch, director que hasta ahora había codirigido, aunque no se le acreditó, John Wick (2014), y que estaba especializado en dirigir unidades de secuencias de acción. Sin duda estos conocimientos le han servido para dotar a «Atómica» de una relevante carga de acción.

La película transcurre sin demasiados artificios y de forma un tanto plana durante su primera hora, lo cual estaba significando una gran decepción para mí. Charlize Theron es una de mis debilidades, lo confieso, pero su presencia no me parecía suficiente al encontrarme con un planteamiento y una estructura tan de thriller de los noventa, dicho esto en el mal sentido. Afortunadamente, cuando estaba a punto de tirar la toalla y el aburrimiento me empezaba a invadir, llegó LA ESCENA. Muchos recordamos la increíble secuencia de Kingsman (2015) que transcurría en una iglesia y que nos dejó ojipláticos hace un par de años. Pues bien, David Leitch ha logrado superar ese momento con un plano secuencia magistral en el que asistimos a una de las mejores peleas del cine reciente. Se trata de una pelea en la que todo está planificado al milímetro, pero consigue desarrollarse de manera natural y, sobre todo, desprendiendo una autenticidad sublime para que resulte totalmente creíble. Cada golpe que vemos en pantalla nos duele como espectadores, y de la misma manera terminaremos tan agotados como la protagonista. Sin duda es una secuencia de las que dejan sin aliento. Chapó. Pero lo mejor es que dicha secuencia supone un punto de inflexión a partir del cual todo mejora, y lo que parecía un olvidable film de espías termina siendo un recomendable ejercicio de prestidigitación guionística.

Al final, uno sale con un buen regusto de su visionado, ya que el guion (que adapta el cómic La Ciudad más Fría) empieza a virar hacia diferentes situaciones consiguiendo sorprender en algunos momentos. Ambientada en Berlín en los días de la caída del muro, el personaje de Charlize Theron es el típico agente secreto misterioso y taciturno, que se ve envuelto en una trama complicada y que incluso tiene a su propia femme fatale en el personaje interpretado por Sofía Boutella. Es decir, estamos ante una película que, ya sea por los tiempos que corren o simplemente por querer ser fiel a la obra que adapta, coloca a una mujer en un personaje masculinizado (todo lo masculinizada que puede ser Charlize, claro). El resultado me parece tan original como excitante. 

Charlize Theron es el alma de la película, demostrando a las claras que es mucho más que una cara bonita. El contraste de su belleza y la letalidad de su personaje resulta lo más estimulante de la cinta, y sin duda la sudafricana lo clava. Sus compañeros de reparto palidecen a su lado, aunque gente como James McAvoy, John Goodman o Toby Jones siempre cumplen. Quiero destacar a un convincente Roland Moller, actor danés que borda su papel de villano. Tal vez quien desentona sea Sofia Boutella, en un papel en el que no me pega demasiado.

Aunque en conjunto no es una cinta redonda ni mucho menos, las virtudes que muestra «Atómica» en su último tercio terminan pesando más que su plano inicio. En contra de lo que pueda parecer, hay poco humor y eso me gusta. Y, sobre todo, hay dos cosas memorables en la película. Una, Charlize Theron. La otra, una secuencia de acción digna de verse. Hay más cosas positivas, pero con eso me vale para recomendarla.

Mi nota: 6,5

8 de agosto de 2017

DE LAS CIUDADES VUESTRAS TUMBAS (Victor Conde - Dolmen)

Aunque no soy un gran seguidor del género vampírico, cuando me topé con este libro hubo algo que me llamó poderosamente la atención. De la misma manera que los chupasangre hechizan a la gente desencadenando un influjo de fascinación, la maravillosa conjunción de título y portada (obra de Alejandro Colucci) utilizada en esta edición de Dolmen bajo su recomendable sello Línea Stoker, ejerció sobre mí un extraño poder de atracción. Y es que la propia elección del título, extraído de una frase de la película Demons (Lamberto Bava, 1985) es toda una declaración de intenciones.

De las ciudades vuestras tumbas ofrece una historia fresca con algunos elementos novedosos, pero al mismo tiempo tremendamente clásica. Víctor Conde nos mete en la piel de Jarek Ködz, un maquinista polaco que desde su más tierna infancia tuvo contacto con un ente imposible, un monstruo de sombras que se alimenta de sangre y que irá cobrando importancia en su vida conforme pasen los años. Ese recuerdo hará que su vida quede marcada por la obsesión y la necesidad de confirmar que el monstruo es real. El destino le regalará esa certeza, y entonces se dará cuenta de que está más unido a la oscuridad de lo que pensaba.

Estamos ante una obra a la que Víctor Conde sabe engancharnos desde el principio, con un tramo inicial muy interesante que nos facilita mucho la entrada en la historia y el seguirla con interés. A partir de ahí, el escritor construye un conjunto que adolece de muy poquitas grietas. Narrado siempre a través de los ojos del protagonista, el relato avanza a buen paso y casi siempre con un ritmo ascendente. El libro alterna pasajes narrados con un estilo desenfadado con otros mucho más estilizados que corresponden a escritos antiguos que encuentra el protagonista y a pequeños interludios en los que el autor alcanza su mejor prosa. Incluso encontraremos ramalazos que nos recordarán a Stephen King, sobre todo al principio del libro y en los citados interludios, siendo estos momentos los que encuadran a la novela dentro del género de terror.

En «De las ciudades vuestras tumbas» se mezcla con acierto la visión romántica del vampiro victoriano con su versión más siniestra y salvaje, consiguiendo un curioso contraste que impregna todo el libro. Pero Víctor Conde va más allá, internándose en la tradición vampírica y agrandándola para otorgarle un origen mitológico que me resulta uno de los grandes logros de la novela. El tratamiento me parece bastante interesante, ya que por una parte se humaniza a la figura del vampiro pero al mismo tiempo se nos muestra su cara más monstruosa. Tal vez por ello el desenlace me decepciona en cierta medida, ya que parece traicionar esa doble naturaleza.

Lo que menos me convence del libro es la gradual dulcificación de la "historia de amor" que se desarrolla en la trama. Que nadie se equivoque, no vamos a encontrar nada lejanamente parecido a otras sagas literarias vampíricas para adolescentes, pero hay algún comportamiento de los personajes que chirría ligeramente. Para compensar, el texto nos regala algunas escenas bastante cruentas y narradas con maestría, de esas que ponen los pelos de punta por su truculencia.

Es el primer libro que Víctor Conde que cae en mis manos, y seguramente no será el último. Su estilo ameno consigue imprimir un gran ritmo al texto, haciendo que el libro se lea bastante rápido y fácil. Además, creo que algunas de sus ideas son bastante originales tanto en su concepción como en su manera de plasmarlas. Últimamente estoy comprobando que la literatura de género en España goza de una salud mucho mejor de lo que parece. Ahora hay que hacérselo saber al público.

Mi nota: 7


7 de agosto de 2017

PODCAST HERALDOS DE GALACTUS 1X05


Nuevo mes, nueva entrega de Heraldos de Galactus, el podcast. Pasando un calor de mil demonios, pero al pie del cañón, Rafa J. OsunaDavid Redondo, Antonio Santaliestra y un servidor volvemos para hablar de un buen puñado de cómics que os pueden gustar. Entre muchas otras, podréis encontrar información de obras como Nameless, Kamandi, Kaijumax o Essex County. Daremos nuestra opinión de la labor que está haciendo Medusa tras hacerse con los derechos de publicación de Valiant, y en nuestro cómic del mes traemos una novedad que nos ha encantado: Black Hammer.

A continuación, el contenido completo del podcast. ¡Espero que os guste!

¿Qué estamos leyendo?
Nameless (Grant Morrison & Chris Burnham)
Carlitos Fax (Albert Monteys)
Kaijumax Season 2 (Oni Press)
Las nuevas grapas de Valiant (Medusa)
Kamandi (Jack Kirby)
El Príncipe Valiente (2012)
Batman: Extrañas Apariciones (ECC Ediciones)
Trilogía Essex County (Jeff Lemire)

¡Viva la grapUSA!
God Country, de Image Comics
Jimmy's Bastards (Garth Ennis & Russ Braun)
Shipwreck (Warren Ellis & Phil Hester)

Pendiente del Indie
Junkyard Lambs (J.D. Faith)
Secret Voice (Zack Soto)

Las cosas que vienen…
Marvel Legacy: Avengers 1.000.000 B.C.
Punisher Ennis y Parlov: The Platoon
Superman: Year One by Frank Miller & John Romita Jr.
IDW Star Wars Adventures for Kids
IDW Gene Colan's The Tomb of Dracula Artist's Edition
Glenat France yermo Elric 3. Le loup blanc
Tomo 40th aniversario Star Wars de Planeta De Cómic
Medusa tomo Armor Hunters (Valiant) editado por Medusa

Cómic Del mes: 
Black Hammer (Jeff Lemire, Dean Ormston)

Podéis seguir el podcast en el grupo de Facebook Heraldos de Galactus, en Twitter: @heraldogalactus e Instagram: @heraldos9

2 de agosto de 2017

SPACE RIDERS en El Heraldo de Galactus


Hoy os hablo de un cómic especial, que recupera el espíritu de aventura pura y dura que imperaba en las obras de hace unas cuantas décadas. Space Riders es un psicodélico homenaje a la Golden Age, que cuenta con Fabian Rangel Jr. al guion y el impresionante arte de Alexis Ziritt, totalmente deudor del gran Jack Kirby.

Podéis leer la reseña completa en el siguiente enlace, o pinchando en la imagen:

Space Riders: recordando la edad de la inocencia


31 de julio de 2017

DUNKERQUE (Christopher Nolan, 2017)

Parece que en los tiempos que corren, hay un puñado de directores cuyos nuevos proyectos han de ser, sí o sí, obras maestras. Y también parece que el ruido que genera cada nuevo estreno de ese grupo de elegidos arrastra a las masas a alabar sin condiciones sus películas, exagerando casi siempre sus virtudes y obviando los problemas. Christopher Nolan es uno de los nombres que más se ajusta a estas nuevas corrientes. No os equivoquéis, pese a lo que pueda parecer no soy un hater de Nolan. Mi opinión es que, sin duda, se trata de uno de los directores más destacados del cine moderno, al que hay que agradecer tener un estilo propio y arriesgar en cada nuevo trabajo buscando temáticas y conceptos muy interesantes. Sin embargo, aún no creado esa obra magna que me haga levantarme de la butaca y aplaudir.

Dunkerque me parece una buena película. Sin duda, el director británico vuelve a dejar constancia de su talento a la hora de manejar grandes presupuestos para ofrecer resutados alejados del cine mainstream. La capacidad de planificación de Christopher Nolan es sublime, no cabe duda de ello. En «Dunkerque» se demuestra que todo está matemáticamente medido, magistralmente ejecutado y perfectamente rematado. La película es una continua exhibición de cómo mover la cámara, buscar ángulos imposibles, o montar secuencias complicadas con éxito. Todo ello converge para regalarnos una obra muy sensorial y visualmente espectacular, que busca mantenernos en alerta y hacernos sudar.

Sin embargo, la tan cacareada experiencia de inmersión me funcionó solo en momentos determinados, y especialmente en el magnífico inicio. Durante el resto, solo sentí un poco de saturación y algunos tramos de aburrimiento. Como digo, el inicio me parece inmejorable, porque nos mete de lleno en la acción y nos plantea de manera muy creíble lo que debe ser vivir un momento delicado dentro de un conflicto bélico. A partir de ahí, asistimos a un desfile de situaciones que se irán alternando y entrecruzando, algunas de ellas mucho más jugosas que otras. Esto se hace muy patente en el contraste entre las secuencias en tierra o mar y las de aire. Lo que sucede a pie de playa y sobre la superficie del mar constituye lo mejor de «Dunkerque», transmitiendo una constante sensación de tensión al espectador. El ritmo, salvo en determinados momentos, es muy bueno y ayuda a que nuestro interés no decrezca. Por contra, las escenas de combate aéreo suponen, bajo mi punto de vista, un lastre importante para el conjunto, ya que su introducción supone un parón en el ritmo de lo que se nos esté narrando. Creo que se le ha dado demasiada cancha a estas secuencias, que se me hacen demasiado repetitivas y que podían haberse reducido en la sala de montaje para dar más dinamismo a la película. 

El guion funciona mejor cuando planea sobre la acción de manera global que cuando quiere acercarse a los personajes. Dicho de otro modo, es en la coralidad del conjunto donde «Dunkerque» triunfa inapelablemente, pero no acaba de cuajar al querer contar historias pequeñas. Un buen ejemplo se da con la introducción de un determinado personaje en el barco civil. Su presencia tan solo sirve como mera excusa para provocar una situación muy forzada que finalmente no tiene peso en la trama. También me chirrían un par de momentos excesivamente grandilocuentes y al mismo tiempo sensibleros que dan sensación de propagandismo barato, aunque por fortuna esto queda bastante aislado. No quiero personificar el reparto, ya que todo el mundo cumple muy bien con su papel. No hay protagonistas claros, pero creo que es justo mencionar la actuación del joven debutante Fionn Whitehead, quien probablemente sea la cara que más minutos acumula en la película.

Dos puntos antes de finalizar. Algo que está polarizando opiniones es el score de Hans Zimmer. Mucha gente le acusa de sobreexplotar el continuo efecto de tictac que abunda durante buena parte del metraje, pero personalmente me parece un recurso muy válido y que, lejos de quitar protagonismo a las imágenes, logra enfatizar la tensión muy acertadamente. Y por otra parte, no quiero dejar pasar el lamentable doblaje al castellano, en especial en las voces elegidas para Mark Rylance y Tom Hardy. Raro, muy raro.

Por tanto, ni «Dunkerque» me parece la mejor película bélica jamás rodada, ni siquiera la mejor película de Christopher Nolan. Creo que es una buena manera de recobrar el pulso tras el desastre que supuso Interstellar (recordad, esto es solo una opinión personal), además de un potente espectáculo cinematográfico. Pero más allá de su portentoso apartado técnico y artísico, da la sensación de que estamos ante una película sin alma.

Mi nota: 6,5