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26 de septiembre de 2016

EL EXPRESO DE CHICAGO (Arthur Hiller, 1976)

En una reciente visita a Barcelona, tuve la ocasión de asistir a un pase sorpresa organizado por la sala Phenomena, que servía como homenaje a la figura del recientemente fallecido Gene Wilder. La sorpresa en mi caso fue doble, ya que me encontré allí con Jordi y Javi, dos de los jefazos de Sinaudiencia.com (uno de los programas de radio/podcasts sobre cine más longevos y más recomendables de cuantos existen, y que ya estáis tardando en escuchar si nunca lo habéis hecho) con los que tuve el placer de charlar y compartir visionado. La película elegida por la organización fue El expreso de Chicago (Silver Streak, 1976), cinta que supuso la primera colaboración de Wilder con Richard Pryor.

Lo primero que me quedó claro tras ver la película es que el paso del tiempo pasa factura indefectiblemente, por lo que es indispensable ponerse en situación y retrotraerse a la época en que este tipo de filmes triunfaba. Teniendo esto en cuenta, hay que decir que aún vista hoy "El expreso de Chicago" conserva cierta gracia y algunas virtudes como una estimulante mezcla de géneros que en nuestros días es difícil de ver. La trama gira alrededor de un editor de libros interpretado por Gene Wilder, que se embarca en un largo viaje en tren desde Los Angeles hasta Chicago. La primera noche allí, será testigo de un asesinato. Como vemos, la película tiene cierto toque de suspense muy a lo Agatha Christie, aunque será el tono de comedia el que terminará absorbiendo todo lo demás.

Como decía, el director Arthur Hiller, (también fallecido recientemente y cuyo mayor éxito fue Love Story), aglutina elementos de diferentes géneros para crear un producto final bastante atractivo. Encontraremos en la película secuencias propias del cine de acción, una trama detectivesca deudora del cine de espías de la época, algún momento subidito de tono e incluso un desenlace espectacular que nada tiene que envidiar al visto en muchas producciones del cine de catástrofes. Pero todo ello queda bien arropado bajo una capa de comedia, a ratos elegante y a ratos más gruesa, que se aprovecha del carisma de los protagonistas y de unos diálogos frescos y francamente divertidos. El buen hacer de Hiller en la dirección se beneficia de un guión con ciertos altibajos pero bastante original y bien acabado, obra de Colin Higgins. El éxito de "El expreso de Chicago" permitió a Higgins escribir y dirigir varias películas de cierto prestigio, como Juego Peligroso (Foul Play, 1978), Cómo eliminar a su jefe (Nine to five, 1980), y La casa más divertida de Texas (The best little whorehouse in Texas, 1982). Su prematura muerte a los 47 años de edad cortó una prometedora carrera.

Contrariamente a lo que suele creerse, la relación entre Gene Wilder y Richard Pryor no era buena. El excentricismo de Pryor unido a sus problemas con las drogas hizo imposible una buena amistad entre ambos fuera del plató. Sin embargo, la química entre ellos en pantalla es increíble, y los momentos en que ambos comparten plano transmiten una camaradería y una fluidez totalmente natural, cosa que demuestra la validez actoral de ambos. Aquí es Wilder el que lleva todo el peso de la película, y Pryor se incorpora cuando el filme ha alcanzado más de la mitad de su metraje. Eso no impide que los mejores momentos vengan dados por la pareja. Gene Wilder logra una actuación plena de elegancia y magnetismo, consiguiendo algunos de los momentos más recordados de su carrera. Richard Pryor aparece como un elemento puramente cómico y avasallador, con una presencia tremenda.
Alrededor de ellos orbita un buen número de secundarios de nivel, entre los que quiero destacar a un hombre siempre infravalorado pero que me parece un actor como la copa de un pino, el gran Ned Beatty. Destacables también son las apariciones de Jill Clayburgh, Patrick McGoohan o Richard Kiel (el eterno Tiburón de la saga Bond).

No quiero acabar esta entrada sin hablar de la magnífica banda sonora obra de Henry Mancini, que aquí compone un score con regusto a clásico y que logra enfatizar perfectamente la ambientación de la película en todas sus distintas vertientes, ofreciendo una gran variedad pero con un estilo reconocible. No en vano Mancini es uno de los grandes.

Tal vez "El expreso de Chicago" no sea una obra maestra (tampoco lo pretende), pero como habéis leído más arriba no carece de virtudes. Cierto es que en algunos momentos nos bajaremos de la película al igual que Gene Wilder baja del tren, pero rápidamente nos volveremos a subir a bordo. Su original amalgama de géneros la convierte en algo curioso, y desde luego tiene unos cuantos momentos de gran comedia. Y por supuesto, es una buena muestra de la elegancia interpretativa de Gene Wilder y la primera prueba para su recordado dúo cómico con Richard Pryor. Prueba que, en mi opinión, superan con buena nota.

Mi nota: 6,5

20 de septiembre de 2016

DE MUERTE (Varios autores - GP Ediciones)


Me llaman óbito, parca, bicha, segadora...pero en realidad, yo no soy nada de eso. Yo no tengo nombre...No soy medio, fin, ni vía de escape. Yo, sencillamente, soy.

Decía el gran Woody Allen eso de "no le temo a la muerte, sólo que no me gustaría estar allí cuando suceda". Sin duda, una gran verdad. Pero también suele decirse que la mejor manera de llegar a entender la muerte es enfrentarse a ella sin miedo. Y aquí tenemos entre manos un cómic que nos ayuda a ver el final de la vida de muchas maneras diferentes. De Muerte es un álbum colaborativo en el que se propuso a varios autores dar rienda suelta a su imaginación teniendo a la muerte como tema común. De esta manera, contamos con 13 historias cortas en las que se nos dan distintos puntos de vista sobre un tema tan serio.


Por supuesto, encontramos en el cómic historias tristes y melancólicas, pero también hay sitio para el humor, la ironía y el surrealismo. Como en toda antología de relatos breves y numerosos, hay historias para todo tipo de públicos, así que es difícil que alguien quede defraudado porque siempre habrá varias historietas que le gusten. En mi caso, he de decir que el nivel de calidad me parece bastante alto en general, pero mis relatos preferidos son Destination: Mars porque estoy enamorado del estilo de Vicente Montalbá desde que lo descubrí en Carroñero, Recuérdame porque así es como imagino que ha de ser la muerte, Peligro de muerte por su estilo diferente y su descaro, Death Race 1996 por su aire salvaje, Lector de cadáveres por su toque tétrico siendo el relato que más se acerca al terror, y el prólogo y epílogo que firman Ricardo Vilbor (Carroñero, Chorizos atraco a la española) y Agustín Ferrer (Cazador de sonrisas).

La edición del cómic es más que correcta, presentando el tomo una encuadernación en rústica con solapas que resulta muy llamativa gracias a la preciosa portada obra de Laura Pérez. Además de los relatos en sí, encontraremos un texto introductorio acompañado de un puñado de bocetos de varios de los dibujantes.


Poco más podemos decir, ya que ahondar en la sinopsis de historias tan cortas sería arruinar su lectura y es preferible encarar el tomo sabiendo lo menos posible. Lo que sí es bueno aclarar es que no estamos ante un estudio sesudo o filosófico respecto a la figura de la parca, sino ante un conjunto de historias que giran alrededor de ella y que, en buena medida, pueden servir para desdramatizar su importancia. "De muerte" representa una curiosa iniciativa que puede resultar interesante a cualquier tipo de lector, por lo que no puedo más que recomendar su lectura.

La lista de autores que participan en el tomo es la siguiente:
Ricardo Vilbor, Agustín Ferrer, Víctor Pastor Giner, Paco Zarco, Ana García, Vicente Montalbá, Inma Ortega, Ferrán Cabezas, Chema Cebolla, Nuria Tamarit, Víctor Puchalski, Víctor Romano, Miguel Delicado, Abraham García, Xulia Vicente, José Pérez Zarzoso, Santi Selvi, Ramón Mascarós, Angux, Jaime Carañana, Luis Ponce y Laura Pérez.

Agradecemos a GP Ediciones el hacernos llegar un ejemplar del cómic para esta reseña.

Mi nota: 7

19 de septiembre de 2016

MORGAN (Luke Scott, 2016)

Una consultora corporativa es enviada a evaluar un proyecto científico secreto, en el que se ha creado vida artificial con resultados sorprendentes. El ente objeto de estudio, sin embargo, empieza a mostrar un comportamiento errático y peligroso.

Morgan supone el debut en la dirección de Luke Scott, que se adentra directamente en el género que hizo rico y famoso a su padre Ridley Scott, la ciencia ficción. De hecho, si lo pensamos bien, podemos encontrar ciertos paralelismos entre "Morgan" y Alien, el octavo pasajero en cuanto a que tenemos un ente no humano recluído en un espacio cerrado, que terminará escapando y...no cuento más para no soltar mucho spoiler.

La película cuenta con una interesante premisa cuyo desarrollo, de haberse manejado de otra manera, podía haber resultado mucho más satisfactorio. Porque "Morgan" tiene unas cuantas virtudes que Luke Scott sabe aprovechar, pero termina sucumbiendo ante un guión tramposo que, una vez más, ofrece un desenlace decepcionante y lleno de sinsentidos. Entre esas virtudes encontramos una dirección más que correcta y que, en la primera mitad de la película, sabe dar ciertas dosis de ambigüedad sin contar demasiado y consigue mantener la intriga, con lo que logra ganar al espectador para la causa. El punto de inflexión llega en el magnífico interrogatorio oficiado por el personaje de Paul Giamatti, pleno de intensidad. A partir de ahí, la cinta va cuesta abajo hasta llegar a un giro final que, lo reconozco, me pilló por sorpresa, pero que no consigue salvar los continuos agujeros de guión.

Técnicamente la película se muestra muy solvente, aunque sin grandes alardes. Son destacables las escenas de pelea que, pese a estar rodadas de modo videoclipero, resultan bastante logradas gracias a una muy buena edición de sonido que consigue que los golpes "duelan".
Supongo que buena parte del presupuesto se habrá destinado a un elenco actoral variado y muy bien elegido. Podríamos decir que las protagonistas son una imperturbable Kate Mara (4 Fantásticosy la inquietante Anya Taylor-Joy (La Bruja) que aportan bastante presencia en la película. Junto a ellas, encontramos rostros conocidos como Toby Jones, el mencionado Paul Giamatti, o Jennifer Jason Leigh, que en en general cumplen bien. En cambio encontramos a una Rose Leslie (la Ygritte de Juego de Tronos) bastante descolocada, tal vez por lo ambiguo de su personaje.

No diré gran cosa más. Luke Scott debuta como director con esta propuesta ligeramente fallida pero con algunos alicientes que pueden hacerla recomendable para algunas personas. Porque pese a las trampas del guión, la verdad es que "Morgan" se deja ver y entretiene lo justo durante sus 90 minutos de metraje.

Mi nota: 5

16 de septiembre de 2016

BABILONIA (Richard Calder - Dilantando Mentes)

"En un salón de baile, en una fiesta, o incluso caminando desde Lime House hasta Mile End, tan femenina exhibición podría haber cautivado la mirada de un caballero; pero aquí sólo me convertía en objetivo de maleantes. Bajé la cabeza y seguí caminando, dejando atrás montones de basura y charcos de aguas fecales. El olor de la sequedad de las cajas de cerillas, del pescado rancio y de las coles podridas estaba tan omnipresente como la niebla sulfurosa."

Aunque no lo parezca, el extracto anterior pertenece a una obra de ciencia-ficción. De hecho, una vez leído el libro, casi resulta temerario englobarlo dentro del género. Pero, aunque se aleje radicalmente de los estándares comúnmente aceptados, Babilonia de Richard Calder es ciencia-ficción pura y dura. Lo es porque nos presenta una distopía en la se entremezclan conceptos como Jack el destripador, los Illuminati, la Orden Negra, Babilonia la Grande y...portales interdimensionales. Y también lo es porque utiliza todos esos elementos para hablar de cuestiones morales y filosóficas que ofrecen un debate para reflexionar. Y, al fin y al cabo, eso es lo que cualquier buena obra de ciencia-ficción debe aspirar a lograr.

La trama de "Babilonia" arranca en el oscuro Londres de 1888, donde la joven Madeleine Fell lucha por su gran sueño, que no es otro que viajar a la Moderna Babilonia, un mundo situado en una dimensión paralela donde los hombres tienen vetada su entrada. Allí le espera un futuro incierto, pero su férrea voluntad de convertirse en una prostituta sagrada de Ishtar la embarcará en tan extraño viaje junto a su amiga Cliticia.
Hay que decir que Richard Calder da una de cal y una de arena con su narración. El libro está dividido en dos partes bien diferenciadas, y durante la primera, que corresponde a la estancia de Madeleine en Londres, el autor consigue meternos en la historia con una curiosa mezcla de frivolidad y descaro, perfectamente representados en las dos jóvenes protagonistas. Por desgracia, en la segunda mitad Calder parece atascarse por momentos y la trama pierde claridad donde debería haber sido más contundente. Como suele suceder en muchas historias, es mucho más estimulante la promesa de lo que vendrá que el propio desarrollo definitivo. Afortunadamente, el desenlace resulta brillante y consigue que nos quedemos con un buen sabor de boca.

El relato rezuma perversidad, aunque es una perversidad sugerida más que mostrada, subyaciendo bajo conceptos como la inocencia o la superficialidad. Esto puede resultar un tanto contradictorio al situar Calder la historia a finales del siglo XIX, en plena aparición de Jack el destripador. Sin embargo, tal contraste funciona sorprendentemente bien, especialmente en la primera parte del libro donde la prosa de Calder alcanza sus mejores momentos. La introducción de elementos de ciencia ficción tan fuera de lugar como unos portales interdimensionales puede resultar chocante, pero aporta un punto de extravagancia bastante original en cuanto a la creación del novedoso universo que sirve de trasfondo. Eso sí, hay momentos en los que la mezcolanza de tantos elementos diferentes me parece excesiva y creo que no ayuda a que la historia avance fluidamente.

Aunque el mensaje de Calder resulta subversivo, el libro acusa cierta falta de ritmo y de acción, sobre todo en la segunda mitad, ya que nos mantiene a la expectativa de algo que no termina de desarrollarse del todo. Las detalladas descripciones de Calder le otorgan al conjunto una extraña belleza, siempre extremadamente detallista y con un toque melancólico. Algunos diálogos son admirables, pero en otros el autor tiende a divagar y a demostrar una vasta erudición que a veces ralentiza la lectura. De nuevo, una de cal y una de arena. 

Aparte del interés intrínseco del texto, sin duda hay que hablar de la excelente edición de Dilatando Mentes. El mimo y cariño con que la pequeña editorial ha presentado el libro deja entrever la pasión que hay detrás de este proyecto. No sólo contamos con ilustraciones interiores (y como postales de regalo si compramos el libro directamente en su web) del historietista Miguel Angel Martín (Brian the brain, Rubber Flesh), sino que la edición se acompaña con detalles como una sección de miscelánea con numerosas imágenes y extractos que ayudan a complementar la lectura, además de un link a una playlist escogida para ambientar la obra, o un interesante ensayo de David Pujante. Impresionante esfuerzo el suyo.

En definitiva, hay que agradecer a "Dilatando Mentes" el empeño que han puesto por traer una obra tan poco convencional como "Babilonia" de un autor casi desconocido en nuestro país. El libro, aún no siendo perfecto, ofrece un original punto de vista sobre el eterno enfrentamiento entre el bien y el mal, entre la luz y la oscuridad, entre lo femenino y lo masculino. No es un libro para todos los paladares, pero sin duda contiene suficientes virtudes como para darle una oportunidad.

Mi nota: 7

15 de septiembre de 2016

WET MOON en El Heraldo de Galactus


Hoy, por primera vez, se nos achinan los ojos y nos estrenamos con el manga en El Heraldo de Galactus. El elegido es Wet Moon, creación de Atsushi Kaneko pulcramente editada en nuestro país por ECC en tres tomos. "Wet Moon" cuenta la historia de un inspector de policía medio amnésico, que sufre alucinaciones y que está obsesionado por encontrar a una mujer sospechosa de asesinato. Estamos ante una de esas obras bizarras y complejas que juega magníficamente la baza de un surrealismo a lo David Lynch, y que propone un intenso puzzle psicológico donde la luna juega un papel protagonista. Enigmática, extraña y fascinante obra que es difícil de enmarcar en un género concreto.

Podéis leer la reseña completa en el siguiente enlace, o pinchando en la imagen:

Wet Moon, locura y obsesión


13 de septiembre de 2016

TARDE PARA LA IRA (Raúl Arévalo, 2016)

Muchos ya sabréis que mi relación con el cine español es bastante parca, quedando mi interés por él limitado a determinadas producciones muy puntuales que consiguen llamarme la atención. De hecho, confieso que a Raúl Arévalo, director de la película que nos ocupa, tan sólo le conozco de verle actuar en La isla mínima (Alberto Rodríguez, 2014). Y fue gracias a los comentarios de un oyente del nunca bien ponderado programa de radio y podcast Sinaudiencia.com que me picó el gusanillo por Tarde para la ira

Pues bien, podemos decir que la ópera prima de Arévalo en la dirección se salda con un resultado inmejorable. "Tarde para la ira" es un thriller de estética y espíritu setenteros, al que el director ha sabido dotar de ramalazos del crudo cine quinqui tan popular en nuestro país por aquellos años. Pero que nadie se asuste al leer esto, ya que estamos ante una obra tremendamente sobria que sabe apoyarse perfectamente en un guión magnífico vertebrado alrededor de los tres personajes que se reparten el protagonismo. Como ya sucedía en la citada "La isla mínima", la fuerza de la película se apoya en dos pilares fundamentales: una absorbente historia que se irá desgranando poco a poco, y una poderosa interpretación actoral. 

El guión firmado por el propio Raúl Arévalo junto a David Pulido está ejemplarmente rematado, ofreciendo una historia cerrada que no deja cabos sueltos. Buena parte de la película es una oscura road movie en la que una improbable pareja irá en busca de una venganza rumiada durante años. Arévalo nos sumerge en la historia situando siempre la cámara muy cerca de los actores, convirtiéndonos en testigos de primera mano de lo que sucede en pantalla. Podemos advertir aquí ecos de Drive (Nicolas Winding Refn, 2011) o The Wrestler (Darren Aronofsky, 2008) en esos planos en los que seguimos a los actores por la espalda, junto a algunos toques influenciados por el mejor Tarantino. Todo ello aderezado por una imagen sucia llena de grano (la película se rodó en super16 mm. buscando esa estética) que aporta turbiedad al asunto. Además, se nos hace un retrato decadente del "otro lado" de Madrid, una ciudad en la que también subsiste la cultura de los bares de toda la vida, por donde se mueve gente de todo pelaje y que el director parece conocer bien.

En cuanto al elenco actoral, el trío formado por Antonio de la Torre, Luis Callejo y Ruth Díaz realiza un trabajo formidable. El director ha sabido utilizar su experiencia como intérprete para sacar lo mejor de los tres actores. Pero, mientras que Antonio de la Torre y Ruth Díaz rayan a un gran nivel, para mi gusto es Luis Callejo el que roba la función, comiéndose la pantalla cada vez que aparece en una interpretación para recordar. También es destacable la aparición de algún secundario como Manolo Solo, que consigue su minuto de gloria en uno de los pocos momentos cómicos del filme, y a la vez uno de los más impactantes.

En conclusión, tenemos una producción que logra alzarse sobre su limitado presupuesto con una dirección notable, unas interpretaciones espectaculares y un guión interesantísimo. Raúl Arévalo rueda con pulso firme (aunque no lo hemos citado, ojo al tremendo plano secuencia inicial) una película de venganza de ritmo lento pero implacable, en el que puede ser uno de los mejores debuts del reciente cine español. Muy buena.

Mi nota: 8

8 de septiembre de 2016

NUNCA APAGUES LA LUZ (David F. Sandberg, 2016)

No cabe duda de que el cine de terror mainstream navega actualmente por corrientes más que trilladas, generalmente abusando demasiado de efectismos y sustos fáciles. Pese a las múltiples variaciones que puede ofrecer el género, los grandes estudios no se deciden a apostar por terrenos más atmosféricos, volviendo a tropezar una y otra vez con la misma piedra. Nunca apagues la luz (Lights out) no se sale de esa tendencia.

"Nunca apagues la luz" es lo que pasa cuando se coge un corto que tiene cierta gracia y que se ha hecho viral en internet, y se estira para convertirlo en largometraje. Lógicamente, hay que inventarse un argumento y un trasfondo, y aquí se han sacado de la manga un orígen estrafalario y absurdo para el "ente" que acosa a la familia protagonista. Estamos ante una película de "casa con fantasma" que se basa en el famoso corto "Lights out" dirigido por David F. Sandberg que arrasó en internet en 2013. Los productores vieron potencial en el corto y le dieron al propio Sandberg las riendas del proyecto, en el que pretendían acercarse al tono que está marcando en la actualidad James Wan con sus "Expedientes Warren". Esto se evidencia en parte en el aspecto visual de la película, pero en poco más. Porque "Nunca apagues la luz" se olvida de construir ningún tipo de atmósfera y se concentra en intentar sobresaltar al espectador con trucos gastados que, si bien pueden funcionar aisladamente, en conjunto no dejan impronta alguna. 

Lo poco destacable de la cinta tal vez se encuentre en su inicio, que no deja de ser una repetición más trabajada de lo que fue el corto. A partir de ahí, se vuelve a utilizar el mismo truco una y otra vez, perdiéndose así toda la gracia. Incluso se llega a un punto en la película que invita más a la risa que al susto. Pese a ello, podemos comentar como aspectos positivos que la película va al grano sin demasiados preámbulos y que la corta duración de su metraje (apenas llega a una hora y cuarto) hace que pase en un suspiro. 

Del escaso reparto apenas podemos destacar la aparición de una envejecida Maria Bello como madre trastornada, y de la joven Teresa Palmer, que cumple su papel protagonista con corrección. De todas maneras, poco puede exigirse en este sentido en una película de este talante.

En definitiva, mi recomendación es que veáis el corto si no lo habéis hecho y os ahorréis la película, ya que no deja de ser lo mismo pero alargado. Mediocre.

Mi nota: 3