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23 de julio de 2017

LA GUERRA DEL PLANETA DE LOS SIMIOS (Matt Reeves, 2017)

Llegamos al final de la trilogía que ha vuelto a poner en lo más alto al universo del Planeta de los simios. Contra todo pronóstico, y haciendo poco ruido, se ha ido conformando una nueva saga que tiene hechuras de clásica y que, a buen seguro, será recordada como algo especial y, para mi gusto, superior a muchas otras franquicias que se han ido gestando en lo que llevamos de siglo.

La guerra del planeta de los simios es, si cabe, la película más "simiesca" de la trilogía, ya que aquí Matt Reeves le otorga todo el protagonismo a César y los suyos, reduciendo la presencia humana a lo mínimo imprescindible. Esto, que podría parecer contraproducente a priori por el hecho de tomar partido claramente por uno de los dos bandos (cosa que no sucedía en las películas precedentes), realmente nos da a los aficionados justo lo que queríamos: una película totalmente "de monos". Pese a que el título promete un enfrentamiento épico entre simios y humanos, en realidad esto queda reducido a la parte final, y en una guerra en la que el bando humano no es más que una facción "rebelde". La gran virtud que posee esta trilogía es la capacidad para sorprender dentro de sus parámetros, y aquí el guion vuelve a conseguirlo al presentarnos una trama dividida en dos partes. La primera es claramente un western crepuscular, con personaje en busca de venganza, que termina derivando en una segunda mitad de fuga carcelaria que entronca conceptualmente con la primera película de la saga. Personalmente, me quedo de largo con ese primer tramo que, pese a su ritmo pausado, termina haciéndose muy corto.

Es cierto que este cierre tiene unos cuantos errores guionísticos con los que es difícil comulgar, y que ponen a la película a la sombra de sus precedentes. Por ejemplo, algunas situaciones del "metraje carcelario" se me antoja excesivamente forzadas, y podemos ver que el comportamiento del personaje de Woody Harrelson se sustenta sobre unas bases muy cogidas por los pelos. Pero salvando estos errores, y mirando la película en su conjunto, creo que supone un punto y final bastante aceptable.

Otra vez más, maravillan los efectos digitales que dan vida a los simios. La integración de lo digital con lo real es increíble, aunque después de tres películas tal vez llegamos al punto en que se pierde la sorpresa en este sentido. Ello no impide que podamos asombrarnos de nuevo con la labor de Weta Digital a la hora de recrear a todos y cada uno de los monos. Y por supuesto, hemos de volver a alabar el trabajo de Andy Serkis para dar vida a César. Esperemos que llegue el día en que se reconozca la importancia que ha tenido este actor en el avance de los efectos especiales en el cine. La puntilla la pone un soberbio score firmado por el gran Michael Giacchino, en una banda sonora con muchos matices y digna de ser escuchada con atención.

No sabemos si el futuro nos volverá a regalar nuevas entregas dentro de esta franquicia o si todo termina realmente aquí. Lo que queda claro es que hemos sido testigos de una trilogía que nació como un auténtico sleeper y que ha ido ganando prestigio con cada una de sus entregas. Estamos ante la demostración de dos hechos que no suelen darse a menudo: que una producción con un buen presupuesto puede sustentarse sin problemas con los efectos digitales, y que lo mainstream, si se hace con cariño y respeto, puede engendrar películas con mensaje y con una calidad incuestionable.

Mi nota: 7

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21 de julio de 2017

RINGSIDE en El Heraldo de Galactus


Nuestra nueva aportación a El Heraldo de Galactus vuelve a ser una reseña de un cómic de Image. El título en cuestión es Ringside, historia enmarcada dentro del mundo de la lucha libre que, lejos de buscar la espectacularidad de ese deporte, presenta un tono dramático que acentúa el peso de los personajes principales.

Podéis leer la reseña completa en el siguiente enlace, o pinchando en la imagen:

Ringside: la otra cara del wrestling







17 de julio de 2017

DICCIONARIO DEL DIABLO (Ambrose Bierce - Libros del Zorro Rojo)

Dicen los expertos que la vida y la sociedad en general han cambiado drásticamente en el último siglo. Los inmensos avances tecnológicos han elevado nuestro conocimiento de un modo que ha llegado a producir un cambio de paradigma. Eso dicen. Afortunadamente, hay testigos de la historia con la mente lo suficientemente lúcida para demostrarnos que esto es una gran falacia. Diccionario del diablo de Ambrose Bierce es un ejemplo incontestable.

Escrito durante el último tramo del siglo XIX, «Diccionario del diablo» es un compendio de definiciones de términos pasados por el cínico tamiz de la pluma de Bierce, que convierte a la obra en un verdadero fresco de la estupidez humana. Siempre en tono humorístico y sarcástico, Bierce utiliza su diccionario para pintar un fresco de la sociedad de su época, añadiendo su particular visión sardónica de temas como la política, la economía,la guerra, el periodismo, el matrimonio, el hombre, la mujer, etc. Podríamos emparentar su tipo de humor al de un Woody Allen en sus mejores momentos, pero creo que la mejor manera de definir lo que encierra este «Diccionario del Diablo» es transcribir aquí un puñado de definiciones que aparecen en sus páginas:

absurdo s. Afirmación o creencia que no concuerda con nuestra propia opinión. Argumento de un adversario.
amazona s. Miembro de una antigua raza que no parece haberse preocupado mucho por los derechos de la mujer y la igualdad de los sexos. Su irreflexivo hábito de retorcer el pescuezo a los machos ocasionó la extinción de su especie.
autoestima s. Error de apreciación
bandera s. Trapo de color que se levanta sobre las tropas y que se iza en fuertes y barcos. Parece servir para el mismo propósito que los letreros que se ven en algunos terrenos baldíos de Londres: «Arroje aquí la basura».
benevolencia s. Donar cinco dólares al asilo de pobres donde está internado el anciano abuelo y publicarlo en el periódico.
canonizar s. Hacer santo a un pecador muerto.
coro s. En ópera, banda de derviches ululantes que aterrorizan al público mientras los cantantes recuperan el aliento.
diablo s. El autor de todas las desgracias y propietario de todas las cosas buenas de este mundo. Lo creó el Todopoderoso, pero lo trajo al mundo una mujer.
etnología s. Ciencia que se ocupa de las diversas tribus del Hombre, por ejemplo, atracadores, ladrones, estafadores, tontos, lunáticos, idiotas y etnólogos. Ciencia que reconoce la diferencia entre un chino y un negro, pero ignora la diferencia entre un caballero y un bellaco.
feligreses s. Sujetos de un experimento de hipnotismo.
homeópata s. Humorista de la profesión médica.
intolerante adj. Alguien que con fanatismo e intransigencia sostiene una idea que uno no comparte.
político s. Anguila en el barro fundamental sobre el que se levanta la superestructura de la sociedad organizada. Al menearse confunde la agitación de la cola con un temblor del edificio. Comparado con el estadista, sufre la desventaja de estar vivo.
sincero adj. Estúpido y analfabeto.

Si ya el contenido resulta suficientemente interesante por sí mismo, la editorial Libros del zorro rojo ha envuelto el texto de Bierce en una edición primorosa. Con tapa dura de gran calidad y revestida con una textura muy agradable al tacto, el formato elegido me parece perfecto. En la portada y el interior, encontramos otro de los grandes tesoros de este libro: las ilustraciones de Ralph Steadman, dibujante y caricaturista asociado a Hunter S. Thompson y su Miedo y asco en Las Vegas, que también ilustró. Su particular estilo casa perfectamente con el tono de Bierce y sus dibujos se convierten aquí en una pequeña obra de arte que da aún más lustre a la edición.

Resulta altamente llamativo lo increíblemente actuales que resultan los pensamientos de Bierce leídos un siglo después de su publicación. En tiempos como los que vivimos, de represiva corrección política, es un verdadero gustazo encontrarte con obras tan mordaces, ácidas y críticas como «Diccionario del diablo». Entiendo que tiene que gustarte este tipo de humor para disfrutar totalmente la lectura, eso sí. Por lo que a mí respecta, creo que Bierce nos tiene calados. No sé si esto hablará bien o mal de mí, pero reconozco que me resulta muy sencillo identificarme con la manera que tiene Ambrose Bierce de ver el mundo, así que no puedo más que recomendar el «Diccionario del diablo» fervientemente.

Mi nota: 9

14 de julio de 2017

LA INVITACIÓN (Karyn Kusama, 2015)

Will es invitado, junto a su pareja, a una reunión de amigos en casa de su ex-mujer. Aunque la velada comienza a desarrollarse con cordialidad, unos cuantos detalles hacen sospechar a Will de que hay intenciones ocultas tras su invitación .

La Invitación (The Invitation) arranca con el atropello de un coyote y su posterior sacrificio. Este hecho funciona como una poderosa metáfora de lo que vendrá después. Estamos ante un potente thriller psicológico con ramalazos de cine de terror, patentes en un brutal desenlace.

A pesar de contar con algún momento bastante tramposo, la trama que nos plantea la película está correctamente construida y cumple con su función de mantener al espectador con la incógnita de lo que realmente está pasando. Desde muy pronto queda claro que hay algo raro en esa reunión de amigos, y que la intención de los anfitriones no está nada clara. Pero la directora Karyn Kusama logra mantener nuestro interés gracias a un desarrollo lento que va sembrando continuamente la duda, además de a un fantástico grado de inmersión, ya que casi pasamos a ser unos invitados más en esa reunión.
La labor de dirección me parece brillante, ya que Kusama otorga a su cinta un tono ambiguo muy logrado además de un correcto y gradual enrarecimiento de la atmósfera. Para ello sabe colocar la cámara alternando planos abiertos con otros donde la sitúa muy cerca de los personajes, sobre todo del protagonista.

El guión, pese a presentar algún engaño chapucero, en general funciona bastante bien a la hora de esconder sus cartas basándose en una calculada ambigüedad. Aunque contenga tramos insustanciales, el espectador se verá obligado a mirar y escuchar con atención cada detalle para intentar desenmarañar lo extraño de la situación que se plantea. A eso ayuda un magnífico score que realza con gran acierto esa sensación de incomodidad creciente tanto en los personajes como en el espectador. Tal vez me sobra el innecesario plano final, de pretendida relevancia pero que en mi opinión no deja de ser un truco meramente efectista.

El reparto está bastante bien en general, aunque lógicamente brillan más aquellos con un papel más protagonista. Sin duda destaca la labor de Logan Marshall-Green, con una interpretación contenida que recuerda mucho a algunos papeles de Tom Hardy. También mencionables son el buen hacer de la dulce Tammy Blanchard y la inquietante presencia de Lindsay Burdge. El resto raya en un nivel aceptable, aunque dentro de los secundarios hay que decir que algunos de los personajes resultan meras comparsas sin demasiada importancia.

"La invitación" es otro ejemplo del buen momento que atraviesa el terror indie, aunque tal vez podríamos calificarla más apropiadamente como un trhiller. Sea como sea, una vez más se demuestra que no hace falta mucho para generar tensión en el espectador, y de alguna manera parece que el género se va vertebrando en torno a dos raíces que caminan en direcciones opuestas: una transita velozmente por el camino del efectismo barato y el susto fácil, y la otra prefiere complacerse en la creación de atmósferas sutiles y subyugantes. "La invitación", afortunadamente, se decanta por la segunda.

Mi nota: 7


12 de julio de 2017

NADIE en El Heraldo de Galactus


Hoy, en El Heraldo de Galactus, os vuelvo a hablar de una obra del canadiense Jeff Lemire. Se trata de Nadie, y en ella se nos cuenta la historia de un hombre que aparece de la noche a la mañana en un pequeño pueblo. Su apariencia es misteriosa, ya que toda su piel está cubierta por vendas, incluído su rostro. ¿Quién es este extraño visitante?

Podéis leer la reseña completa en el siguiente enlace, o pinchando en la imagen:

Nadie: la invisible levedad del ser


10 de julio de 2017

LLEGA DE NOCHE (Trey Edward Shults, 2017)

En los últimos años, la vertiente más indie del cine de terror nos ha venido dando bastantes alegrías a los aficionados al género. Películas de bajo presupuesto como Bone Tomahawk, La Invitación, La Bruja, Green Room, It Follows o Todavía estamos aquí engrosan una creciente lista de producciones que se han alzado con el favor de público y crítica en los últimos tiempos, evidenciando que el talento se impone al dinero de muchas superproducciones mediocres. Esta tendencia continúa con Llega de noche (It comes at night), cinta que nos proporciona otro nombre a tener en cuenta, el de su director Trey Edward Shults.

«Llega de noche» nos pone pronto en situación, mostrándose exigua en cuanto a ofrecer información. Nos encontramos con una familia de tres miembros que viven en una casa en mitad de un bosque. Por algunos detalles, intuimos que en el exterior una enfermedad incurable y muy contagiosa se ha propagado entre la humanidad. Una noche, alguien irrumpe en la casa. Y hasta ahí puedo leer. De hecho, recomiendo evitar leer sinopsis de esta película, ya que me he encontrado con unas cuantas que desvelan más de la cuenta.

Estamos ante una película pequeña, de esas que nos introducen en un espacio cerrado y ciertamente claustrofóbico, y que van introduciendo un pequeño elemento desestabilizador que termina por corromperlo todo. El director juega con el tema de la desestructuración de la unidad familiar, sugiriendo de manera casi subrepticia algunos aspectos perturbadores. En esa sutileza (casi siempre aplicada al personaje del hijo adolescente) vamos a encontrar lo mejor de la película, aunque esto queda un poco soterrado bajo las formas de un thriller convencional. El lento devenir de la acción puede suponer un obstáculo para cierto tipo de espectador, pero en una película de estas características lo veo totalmente justificado y hasta necesario.

Más allá de su hipotético contenido metafórico, «Llega de noche» funciona más como thriller psicológico que como película de terror. Y lo hace gracias a una conseguida atmósfera, que si bien no llega a ser todo lo inquietante que debiera, sí ofrece unos cuantos momentos de tensión. Creo que Shults realiza un gran trabajo de dirección, colocando la cámara siempre de manera perfecta y planificando correctamente cada secuencia. También sabe sacarle todo el partido a la casa donde transcurre la acción, convirtiéndola en un espacio bastante siniestro por momentos. Para rematar, tenemos un pequeño toque de ambigüedad en la resolución de la trama (o al menos a mí me lo parece) que contribuye a realzar nuestras sensaciones positivas. Por contra, pese a contar con un metraje de 90 minutos, encontraremos algún tramo donde el interés decrece, cosa que puede sacarnos de la película dado su lento avance.

Joel Edgerton (The Gift) es el rostro más conocido dentro del sobrio reparto del filme, en el que nadie desentona. Christopher Abbott (El año más violento), Kelvin Harrison Jr., Carmen Ejogo (Alien Covenant) y Riley Keough (Mad Max: Fury Road) completan el elenco. Como digo, todos cumplen bastante bien, en una interpretación que puede recordar en tono a una obra teatral.

Aunque tal vez quede por debajo de otros de los títulos mencionados arriba, «Llega de noche» funciona como ejercicio de thriller psicológico, planteando una de esas situaciónes en las que no sabes en quién confiar. Y como decía, el buen trabajo del director Trey Edward Shults merece al menos que le tengamos en cuenta para el futuro.

Mi nota: 6,5

7 de julio de 2017

BABY DRIVER (Edgar Wright, 2017)

Muchos quedamos un tanto decepcionados tras la salida de Edgar Wright de un proyecto como Ant-Man (Peyton Reed, 2015). A priori, hubiera sido genial comprobar cómo se desenvolvía el director en una película de superhéroes, pero tras ver Baby Driver creo que su decisión fue la más acertada. Ahora podemos disfrutarle en todo su esplendor, sin el encorsetamiento que implica el dirigir una cinta Marvel en cuanto a libertad creativa.

En un principio, podríamos definir a «Baby Driver» como una suerte de versión luminosa de Drive (Nicolas Winding-Refn, 2011). Pero ojo, esto es lo que cualquiera verá a primera vista. Sin embargo, la película de Edgar Wright contiene más sutilezas aunque tal vez no más fondo, cosa que tampoco busca. Su sencillez conceptual resulta brillante porque sirve para brindarle al espectador 90 minutos de diversión y virguería formal, en un verdadero espectáculo para los sentidos.

La trama de «Baby Driver» sigue a Baby, un adolescente inmerso en una organización criminal que se dedica a atracar bancos. El papel de Baby es el de conductor gracias a su prodigiosa destreza al volante. Las cosas no tardarán en torcerse para el protagonista, que se verá inmerso en una situación delicada de la que parece imposible salir.

Estamos frente a una película de acción desenfrenada que mezcla toques de comedia y thriller y en la que la música cobra un inusitado protagonismo. Edgar Wright demuestra que se mueve como pez en el agua en este tipo de producciones, dando buena muestra de sus habilidades ya sea a la hora de rodar planos secuencia o mediante montajes frenéticos pero al mismo tiempo totalmente vistosos. El director imprime a su cinta un ritmo endiablado ya desde la primera secuencia, que marca el tono y logra ganarnos para la causa. Todo está impregnado de ese tono cool que tanto chirría en otras producciones y que aquí funciona de manera sorprendente gracias al talento del director.

La banda sonora es ESPECTACULAR, vertebrada en torno a una serie de temas elegidos con un gusto incuestionable. Pero aún resulta más increíble ver cómo el director ha logrado conjugar imágenes y música creando algo realmente especial. Para ilustrar esto con un ejemplo, hay una impagable escena de un tiroteo en la que los disparos se ven acompañados de golpes de percusión provenientes del tema que suena en ese momento. No es fácil describirlo, creo que es algo que merece la pena ser disfrutado en una sala de cine que cuente con un buen sistema de sonido. De hecho, podríamos decir que le película pierde potencia en los escasos momentos en que las canciones son sustituídas por una banda sonora convencional. Por fortuna, esto pasa muy poco durante el metraje.

Por si todo esto fuera poco, tenemos el añadido de una galería de personajes tan estrambótica como llamativa, en la que cada uno de ellos cumple su función de un modo admirable. Casi todos los secundarios tienen su peso en la trama, beneficiados por el carisma que otorgan a sus personajes gente de la talla de Jamie Fox, John Hamm, John Bernthal (sus escasos minutos saben a poco), Eiza Gonzalez o Kevin Spacey. Pero la gran sorpresa viene de la mano del joven Ansel Elgort, el Baby del título, que muestra una sorprendente personalidad convirtiéndose en la gran revelación del filme.

Así como el protagonista hace lo que quiere con los vehículos que conduce, Edgar Wright se ha desatado manejando la película a su antojo, sabiendo en todo momento a dónde quiere llegar y plasmando sus ideas de manera virtuosa. Esta vez la publicidad no miente, «Baby Driver» es fresca, molona, moderna y al mismo tiempo clásica. Pero sobre todo es gran cine de evasión.

Mi nota: 8,5